Fantasmático

Aquella misma imposibilidad de volver a poseer el objeto que ha sucitado la percepción. El intelecto activo ejerce sobre el fantasma del objeto el acto de abstracción y ofrece la species impressa al intelecto pasivo, pero éste no podrá nunca volver a poseer el objeto originario como no sea en la forma de la reflexio ad phantasmata.

1.30.2005

La noche dominaba el panorama y dragones luminosos hechos de mil centellas avanzaban por los posibles cauces. El medio era la altura y estábamos ahí, donde podía verse el trazado preciso de este centro que no se deja (todavía) alinear por las políticas telefonarias, que mantiene en el corazón los latidos de miles, los gritos de millones, las quejas del resto y los demás. Como siempre, y otra vez, la lluvia abrió las opciones y las nubes: la decisión fue remontar las alturas. Kilómetros, kilómetros y más kilómetros de esta ciudad que ha desahuciado lagos, derribado montañas, transformado el aire, y que aún hoy sigue trepando por las laderas que la malcontienen. Chaparra y gorda, pero impresionante. Las moles de metal y piedra adquieren su justa dimensión y, tras dudar un instante largo, siguen siendo impresionantes. Y cada vez hay más; lo que hoy son vigas de acero desnudo vestirán los espejos en que se sentirá reflejada esta enorme capital. Lo triste es que solo servirá el adorno para subir el animo y los egos de hartos inversionistas y mercachifles, que podrán ver cada día desde la altura; pero no sabrán del privilegio porque tal vez no vean más allá de lo que sus manos acaparen. Incluso, llegados a tal punto, nos cobrarán por el momentáneo goce, por la vista y por cada minuto que deseemos de más alla; pero se equivocan: Estas sombras, la tierra, las ferias, los perros, los ladrillos, los jotos, los faroles, el humo, el tianguis, los tacos, los rincones, el café, los jotos, la música, los gritos, la piratería, las sombras, el barrio, cada calle y todo, todo lo demás, se pertenece a si mismo. Porque podemos perfectamente ir a chingar cada cual a su respectiva madre, y cada parte de este todo, perturbado y confundido en plenitud, permanecerá.

1.22.2005

Los desiertos personales se construyen sobre lajas de agua, sobre pieles reflejantes, entre figuras de humo y neón que diluyen moralidades y principios a medio terminar, pasos consonantes que no llevan a ninguna parte. Sin dirección y lento, lento, lento, viajo a dos momentos por minuto, siguiendo los reflejos de las nubes en los restos opacos de la primera lluvia del año.
Cancelamos compromisos, no asistimos al llamado del deber y, de nuevo lento, lento, lento, se disipan las promesas fulgurantes, y falsas, del pasado y el futuro que se implican sin más remedio. Persistimos en la carne, en las bocas que se encuentran en el mismo sitio distanciadas por segundos, minutos y horas que se nos amontonan mientras los ojos van y vienen de los tuyos a los míos, y poco a poco, piano, piano, guardando la notte, se van entendiendo; siguen y seguirán en la promesa insatisfecha de un mañana sin fin con los visajes otoñales de hoja que cae, de árbol que quiere mudarse y las palabras que ya echaron raíz y se lo impiden.
Mariposas nocturnas casi muertas aletean una sugerencia morbida que no he de seguir y los pasos toman forma de camino a fuerza de tanto desistir. Casi han vuelto el agua y el viento, la transformación y el movimiento: volvamos a echar a perder las botas aladas, brinquemos de charco en charco y sigamos andando.