Tengo un encendedor vigía. Es un sapo postrado sobre la madera en que me reflejo, junto a mi ventana. De pronto brinca a mi mano y me avisa de la noche. Regresa a su puesto tras iluminar la línea blanca de aire caliente, y no se oye más su ruido de luz, su croar de piedra sobre piedra.
12.20.2004
Chacharines
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