No tenía un nombre definido y le gustaba coger.
Aun no estoy seguro, ella tampoco lo estaba (y solo Dios, la gran mente del mundo, sabe si lo estará algún día de estos), de qué era aquello del sexo que le hacia disfrutarlo.
Acaso fuera que se sentía bien en el fondo, en el fondo y consigo misma gracias al Otro. Aquel Otro distinto que la hacia sentirse acompañada hasta un punto que no nos será dado a conocer a mí, ni a usted, Lector, que visita este verdoor.
Tal vez fuera el sencillo e indefinible placer de sentir, y la agreste culpa que acarreaba tanto instinto, la insólita satisfacción de una lubricidad insospechada en las paredes de su mente y alma.
Hubo alguna vez lagrimas inoportunas sobre el pecho desnudo del Otro desconocido, pero hay que reconocer, y todos podemos darnos cuenta, que, efectivamente, eran inoportunas e interrumpían aquello que debió ser, que tal vez fue, un buen rato.
Como decía, no se lo que le gustaba; pero, que bueno ¿no?


1 Quejas, Traumas, Sugerencias?:
Jocosamente saludo y leo con buen sabor los esperados posts de éléh!
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